Cuando Edward despertó del trance, pose mi mano en su hombro y le sonreí amablemente.
—Lo hiciste bien, eres más valiente de lo que crees.
—¿Qué viste, mujer?—espetó el hombre llamado Oliver. Algo es su semblante me daba mala espina. Aparte de hecho de que sentía un hedor a morbo emanando de él con cada mirada que me dirigía. Y esos ojos oscuros llenos de soberbia.
No fue si no hasta que Clark lo preguntó que me atreví a responder.
—Vi a la criatura. El bacilisco. Pero es su forma de bestia. Er