Aturdida y confundida, levanté la vista encontrando a Jeremy a mi lado, casi encima de mí.
—¿Alice, estás bien?
—Sí, ¿pero que a pasado?
No respondió. Se levantó de golpe y se pegó a un lado de la ventana. Sus hermanos y primos hacían lo mismo, incluso sus tíos. Y todos armados.
—¿De donde sacaste eso?
—Todos estamos armados, siempre. No te levantes, veamos que es todo esto.
Pero el llanto de una mujer distrajo a todos durante un instante. En el suelo yacía un hombre, era el padre de Jeremy. Y