Alessa no estaba en casa y había un silencio absoluto. No pude evitar mirar por encima de mi hombro varias veces.
A punto de ir a tomar una ducha, algo destelló en la oscuridad de la habitación. El collar que Costas me había regalado estaba sobre la peinadora. Un peso cayó sobre mis hombros al verlo y mis piernas se volvieron pesadas mientras arrastraba los pies y me sentaba frente a la peinadora, contemplando el collar. Cerré los ojos y respiré profundo. Los recuerdos se liberaron en mi mente