Caminamos un par de calles en silencio y como había dicho, llegamos a un bar elegante, las tenues luces amarillas, la suave música de fondo. Nos quedamos en una mesa cerca de la entrada, pero lo suficientemente alejada del resto como para dar privacidad.
En silencio lo observé servir un par de copas de vinotinto. Por un momento quedé ensimismada por sonido del licor cayendo en las copas.
-Aquí están- levanté la mirada, encontrando a Luca de pie, frente a ambos. Clavé la mirada en la mesa- ¿por