Mis piernas corrían por si solas. Corrían con desesperación detrás aquellos cabellos oscuros adheridos a su blusa azul. Aparté los molestos mechones de mi cuello y pestañas al entrar al subterráneo. Otra sacudida me recorrió con violencia, partiendome en dos por dentro mientras miraba a todos lados, tratando de distinguirla entre tantas personas.
Se reojo pude verla aferrarse al bolso rojo sobre su hombro. Me quedé allí, viéndola alejándose, atónita ante su imagen, los choques entre mis hombros