Capítulo 40

—No sé, Alejandro... —murmuré, mirando el agua cristalina—. No traje ropa de cambio y no voy a esperar a que el sol me seque.

—Quítate la ropa y quédate en ropa interior —replicó—. Te pones la toalla y listo.

Alcé la ceja, incrédula.

—¿Así de fácil?

—Ajá.

Lucía apareció a nuestro lado, empapada, el cabello pegado al rostro y una risa que no se le iba.

—¡Isa, ven! —insistió—. ¡Está helada pero te reinicia el sistema!

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