Mamá y Santiago esperaron prudentemente en el pórtico. Yo me adelanté a recibir a Alejandro.
—Lamento venir de imprevisto —se disculpó él, en cuanto estuve lo suficientemente cerca.
—Sinceramente, estoy sorprendida de verte aquí.
—Puedo hacerme una idea —admitió—, pero las circunstancias me obligaron.
—¿Qué circunstancias?
Él sonrió de lado y sacó las manos de detrás de su espalda. En ellas sostenía mi pequeña cartera.
—O