Tomé su mano y la puse sobre mi pecho obligándola a tocarme.
—Y dígame señora Lombardi ¿Está molesta porque alguien más me ha tocado?— seguí provocando su enojo.
Sus dedos se movieron suave sobre mi piel, una pequeña caricia, apenas perceptible, pero lo suficiente para poder sentirla y ver cómo su labio se movió tembloroso.
Quito la mano con un movimiento casi brusco soltándose de mi agarre y se acomodó un mechón inexistente del cabello detrás de la oreja, un reflejo nervioso.
—Compórtat