Todos permanecían en el hospital cuando llegaron Viggo y Fabricio, este último se veía sumamente maltrecho, incluso le costaba un poco caminar. Ellos se acercaron a Laureano y Lara, que estaban aún fuera de la habitación.
_ Mi amor, perdón por la demora _ dijo el hombre que llegaba apresurado.
_ Tranquilo, yo estoy bien, dentro de todo, me preocupa la abuela _ dijo ella dejándose abrazar por su marido.
_ Pequeño ángel, no deberías estar de pie, creo que es mejor que te sientes en uno de los sofá