Tan pronto como llegó la policía, Edilene fue arrestada. Su rostro se transformó en una máscara de desesperación: gritaba, lloraba, forcejeaba.
—¡Yo no hice nada! ¡No he hecho nada malo! ¡Déjenme!
Pero los agentes fueron tajantes.
—Queda arrestada por intento de asesinato a un menor de edad —anunció uno de ellos mientras le colocaban las esposas.
El murmullo de la multitud se extinguió de golpe. Un silencio denso cayó como una sábana húmeda sobre todos. Ahora no quedaban dudas. Edilene, esa muje