Darina caminó hacia donde estaban sus hijos.
Los observó en silencio durante unos segundos, sintiendo cómo su pecho se apretaba con ternura y tristeza al verlos jugar ajenos a lo que estaba a punto de ocurrir.
—Niños, mamá, quiere hablar con ustedes —dijo en voz baja, intentando mantener la calma.
Los pequeños se detuvieron y se acercaron con curiosidad, notando algo diferente en el rostro de su madre.
—Mamá va a llevarlos a vivir a otra parte —dijo suavemente, arrodillándose para estar a su alt