Hermes observó a Darina, tan débil, tan frágil…
Sus piernas apenas la sostenían, su piel pálida y sus labios temblaban.
Sin pensarlo, la alzó en brazos como si fuera de cristal.
—Llévenos al departamento. Ahora —ordenó con voz firme, mientras el auto arrancaba.
***
En el departamento, todo era paz y risas infantiles.
Los niños llegaron con la niñera. Al abrir la puerta, corrieron al interior buscando con sus ojitos curiosos.
—¡Mami! ¡Papito! —gritó Rossyn, con un puchero en los labios—. ¿Por qué