Al volver al departamento, Fernanda y Enzo estaban tan felices que parecía que nada más importaba. Él la miró con adoración y la besó de nuevo.
—Yo... —comenzó a decir, pero las palabras se atoraron en su garganta, abrumado por la intensidad de sus sentimientos.
Fernanda se sonrojó, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza.
—Te esperaré —susurró Enzo, besando suavemente su frente—, hasta que tú quieras ser totalmente mía, siempre esperaré por ti.
Fernanda sonrió, sintiendo que su alma se llena