Areliz sentó a su hijo en el sofá de su escritorio y le pidió jugar con los juguetes que había traído de casa, cosa a la que accedió encantado y se quedó allí tranquilito jugando.
Suspiró aliviada y decidió ponerse a trabajar de una vez, aunque su mente seguía distrayéndose con lo que pasó con Noah y su madre hace poco.
Siguió trabajando tranquila un tiempo, hasta que su hijo llamó por su atención pidiéndole que jugarán juntos.
—Espera un momento, cariño, termino esto y jugamos un rato. —