Al día siguiente, Noah llegó a darle su paga en su disfraz de mayordomo, aunque no venía solo, sino que estaba acompañado por Teo y por su hermana Nia.
Nia se estaba riendo abiertamente de Noah, mientras que Teo se mantenía impasible, como siempre, pero Areliz lo conocía lo suficiente para saber que en el fondo estaba ocultando su diversión.
Noah parecía increíblemente fastidiado mientras depositaba con brusquedad la charola en su escritorio.
—Tu paga en billetes de cien, tal como querías,