El abogado le siguió preguntando cosas horribles de muy mal modo la siguiente media hora a Areliz, con una cosa más ridícula que la anterior, todo para intentar hacerla quedar mal incluso en los aspectos más pequeños, aunque solo hacía notar su desesperación, en opinión de Areliz, lo que le daba más fuerza para no caer en sus trucos ridículos.
—Doctora, ¿es cierto que en más de una ocasión fue descubierta sin hacer nada en su oficina, conversando con amigos o incluso viendo series de televisión