Areliz se sintió como si pudiera desmayarse, quiso salir corriendo, pero él alcanzó a tomar su muñeca y, en un parpadeo, la hizo caer hasta estar encima de su cuerpo en el sofá.
La envolvió en sus brazos y la abrazó contra su cuerpo, haciendo que su respiración fallara y que su corazón empezara a latir como loco en su pecho.
—Lizzy… —habló con voz baja y ronca, haciéndola estremecerse levemente y más cuando sintió sus manos acariciar sus brazos de forma que le revivía muchos recuerdos de su