Amaya Bezos.
Desperté en aquella habitación blanca en penumbras. No tenía idea cuánto tiempo había pasado. La cama estaba manchada de sangre, sin dudas el fisting me había producido una fuerte hemorragia.
El dolor era insoportable, había sido el castigo más atroz que había recibido en mi vida. Yo era una mujer feliz, incompleta, imperfecta, pero feliz.
Mi única preocupación era emborracharme feliz o sacar a los chicos de mi penthause. Ahora ya no era lo mismo. Ni volvería a serlo.
Estuve despie