38. El favor
Heleanor volvió la sala de estar, con las dos malteadas ya preparadas. Una era de ella y la otra para su buena amiga.
—Aquí tienes, Hanna —dijo Heleanor, de pie.
—Vaya. Siento que es la malteada más larga del mundo —comentó Hanna, recibiendo su refresco—. ¿Y Hedrick?
—Se fue a su habitación —comentó Heleanor, percibiendo un cosquilleo en su intimidad.
Pero, mantuvo su expresión tranquila. De sus glúteos y de su entrepierna chorreaban los pegajosos fluidos de su orgasmo y de la eyaculación de He