37. Mentiras
Heleanor gemía en voz baja, para contenerlos. Se agarraba por el ancho dorso de su amante, mientras él seguía asaltándola con pasión, mientras se acoplaba a ella y complementaba su vacío natural. Podía quedarse viéndolo, y solo lograría enamorarse más de lo que ya estaba. Nunca pensó que el hombro que ahora la asaltara, sería su ahijado. Le enrolló sus piernas por la cintura, al excitarse con su relación social que los unía, que aunque no era de sangre, era suficiente, para trazar un muro inmor