48. El final de nuestro camino
Heleanor empezó a llorar, mientras lo veía. Lo mejor era que no hubiera venido, porque la sola presencia del hombre que amaba, le rompía el corazón. Ya había tomado una decisión y no daría marcha atrás.
—Lo haces difícil —dijo Heleanor, desde la puerta del jet—. Te dije, que solo fuiste mi despecho. ¿Qué es lo que no quieres entender?
—No te creo lo que dijiste. Una mujer que no ama, no se entregaría a un hombre, así como lo hiciste conmigo. Tu boca puede decir una cosa, pero lo que tu cuerpo m