33. El banquete
Hedrick sentía los blandos atributos de esa linda muchacha de cabello rubio y ojos verdes contra su torso. Ella más parecía una deidad que otro ser. Le habían dado ganas de ir al baño, pero solo se había encontrado con esa desconocida chica, que le había caído encima de la nada. La directora la ayudó a levantarse y luego se puso de pie.
—¡Hela! —exclamó Holly, emocionada. En su pequeño pecho, no cabía la dicha de ver a su prima favorita, y, a la que, nada más podía ver pocas veces. ¿Qué hacía a