40~ Juntos.
Aurora no quería despegarse del cuerpo de Franco, entrelazó los dedos con los suyos mientras él saludaba a Arantza y a Pietro.
A fuera arreciaba un frio atroz, la niebla golpeaba el suelo con un viento fuerte que venía desde arriba y llenaba todo el césped del patio con finas gotitas de rocío, y cuando entraron dentro de la enorme cabaña estaba tan cálida que Aurora no pudo evitar soltar un gemido de placer.
— ¿Enserio elegiste tú este lugar para hacer tu casa? — le preguntó a Franco y él la ro