El chico misterioso se le acerca con una lentitud depredadora, estirando los brazos para luego colocar sus manos con audacia directamente sobre el firme pecho de Gabriel, mientras sube y baja sus dedos con un ritmo sugerente y posesivo, marcando su dominio sobre la situación.
Desde mi escondite en la puerta, estoy más que sorprendida, completamente estupefacta por la retorcida escena que mis ojos observan y mis oídos escuchan con tanta nitidez. El tan importante, frío, aristocrático y orgulloso