—Qué ironía de la vida, ¿no crees? —Me río, un sonido seco y sin alegría, al recordar lo mucho que cambió todo—. Hace apenas unos meses atrás, te odiaba.
—¿Qué? —pregunta ella, desganada, sin entender mi comentario, como si esa parte de nuestro pasado hubiera sido borrada.
—Hace unos meses, no podía ni verte —le recuerdo—. Me desesperabas por tu arrogancia, por la forma en que siempre actuabas como una niña caprichosa, tratando de competir conmigo en absolutamente todo. Creía que éramos enemigo