14. Lo quiero todo
Alaric
—¿Qué demonios es eso?
La palabra me sale cargada de veneno mientras clavo la mirada en el papel que Lyra sostiene entre los dedos. Es una hoja doblada, arrugada por el miedo. Tan insignificante… y, aun así, algo en mi pecho se tensa como un cable a punto de romperse.
—Una carta —responde ella, apenas audible—. Quería enviarla a mi antigua manada.
La palabra manada me atraviesa como una espina. La furia no llega de inmediato. Primero viene algo peor: la sospecha.
Un macho.
Mi primer pensa