13. ¿Qué eres..?
Lyra
La puerta del calabozo se cierra con un golpe seco que me atraviesa el pecho.
—¡Ismael! —grito sin pensarlo, girándome hacia los barrotes—. ¡Ismael, por favor!
Mis manos se aferran al hierro frío mientras escucho pasos alejarse. La antorcha se mueve, proyectando sombras largas por el pasillo, y entonces él se detiene. No se gira del todo, pero sé que me escucha.
—No me hagas esto —le suplico—. No he hecho nada. Sáquenme de aquí, por favor.
Ismael suspira. Lo escucho claramente, como si el s