No esperó permiso. Con un rápido movimiento de los dedos, el broche cedió. Le quitó el sujetador y lo lanzó a un lado.
El aire frío rozó la piel desnuda de Danielle. Ella jadeó.
Los ojos de Kate se oscurecieron mientras la miraba. -Dime, Nielle... ¿qué tan suave quieres que sea?
Danielle casi se rio. -Sé tan dura como quieras. Eres una mujer. ¿Qué tan dura puedes ser en realidad?
Kate le sonrió con picardía. -Está bien. Te di una opción.
-No puedes asustarme -dijo Danielle emocionada-. Vamos. D