Mirabel y Kelvin acababan de salir del coche y entrar al hospital cuando una camilla pasó volando hacia ellos.
-¡Permiso! -gritó una de las enfermeras.
Mirabel se apartó rápidamente, pero alguien le pisó el pie sin querer.
-Ay... -se quejó, y giró por instinto.
Sus ojos se posaron en la mujer que yacía en la camilla.
Sangre cubría su rostro y su ropa, pegándose a sus curvas de forma obscena.
Por un segundo, no la reconoció.
Luego su corazón se detuvo.
-¡Jesús... Bella!
Corrió detrás de la camil