Bella obedeció sin dudar ni un segundo. Se giró sobre su espalda y abrió los muslos ampliamente, dejando que las rodillas cayeran a los lados en clara invitación.
Él se colocó entre ellas al instante, guiando su polla a lo largo de sus pliegues. Volvió a frotarla de arriba abajo... más rápido, presionando con más fuerza contra su clítoris.
Las manos de Bella volaron hacia las sábanas, retorciendo la tela entre los puños mientras el placer se volvía insoportable.
-Voy... voy a correrme... -Las p