El primer latigazo cayó sobre el colchón, a escasos centímetros de su cuerpo.
-Me encanta lo asustada que te ves, Bella -murmuró Lucian con voz baja y satisfecha-. Me complace.
Deslizó el cuero lentamente sobre su piel, dejándola sentir su peso amenazante, antes de dejar el látigo a un lado. Sin previo aviso, le dio una fuerte palmada en el culo.
-¡Ahh!
El sonido brotó de su garganta. Aun así, el escozor de su mano era preferible al mordisco del látigo.
Le dio diez palmadas más, cada una más fu