Bella se hizo un ovillo, abrazando con fuerza una almohada que pronto quedó empapada de sollozos silenciosos y hipo que le dolían en el pecho.
-¿Qué hago ahora? -preguntó en la habitación a oscuras. No hubo respuesta. No había nada que hacer.
Un golpe repentino en la puerta la hizo sobresaltarse.
Se incorporó rápidamente, se secó la cara húmeda con el dorso de la mano, respiró hondo con dificultad y fue a abrir.
-Buenas tardes, querida -saludó Margaret con suavidad, entrando en la habitación.
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