Capítulo 196.
El rey se limitó a darme pequeños golpecitos en la espalda mientras yo luchaba por volver a respirar. Él continuó hablando como si yo no estuviera muriendo.
—Admito que fue una sorpresa que tomaras la iniciativa.
Golpeé la mesa con la mano. Ese maldito trozo de fresa se había atorado en mi garganta y se negaba a salir.
—Sí, debes de estar enojada por eso. Pero tienes razón: somos una pareja, debemos tener más de estas románticas veladas.
¿Cuánto tiempo podía permanecer sin aire antes de morir?