Capítulo 148. Kryos
Una semana después, el rey me llamó a cenar. En cuanto entré al comedor, lo noté visiblemente enojado.
—Buenas noches, padre.
—¡Ja! No hay nada bueno esta noche.
Me senté frente a él y enseguida los sirvientes del castillo colocaron la comida delante de mí. El rey apretaba los puños y murmuraba cosas que no alcanzaba a escuchar con claridad.
No tuve que preguntarle qué sucedía. En cuanto tomé la cuchara, explotó.
—¡Jodidos bastardos! Lo único que le faltaba a mi pacífico reino: bandidos.