Capítulo 122. Kryos
No me había imaginado regresar a aquel lugar nunca.
A diferencia de la primera vez que llegamos al castillo cuando éramos niños, no había lobos esperando para ayudarnos a bajar del carruaje ni sonrisas falsas ni atenciones exageradas hacia “mi madre”. No hubo manos extendidas ni miradas serviles. Nada.
Llegamos a una zona desierta.
El carruaje se detuvo y cada quien bajó por su cuenta. Nadie nos recibió. Nadie preguntó. Nadie pareció notar siquiera nuestra presencia mientras cruzábamos las puer