Capítulo 124. Kryos
La loba despertó al atardecer, justo después de que el mismo lobo nos entregara otra bolsa negra.
El sonido suave en la puerta, el intercambio rápido, la presencia que se iba sin dejar rastro... esperaba que esto no se volviera "normal".
Abrimos la bolsa.
Venado.
Partes grandes, frescas, con el olor aún vivo. No dudamos.
Comimos. Devoramos.
La carne desaparecía entre nuestras manos mientras el hambre hacía el resto.
La loba se desperezó sobre la cama y su mirada fue directo a la bolsa.