29. La manada de mi padre.
★Marianne★
La noche llegó fría y pesada.
Seguíamos en medio de la nada. El silencio era casi tranquilizador, roto solo por el crepitar de la fogata. Robert no me había dirigido la palabra desde que llegamos, y yo tampoco lo busqué. Mejor así. La distancia era lo único seguro entre nosotros.
Estaba recostada contra un árbol, con los ojos cerrados, rogando que el sueño me llevara, cuando Robert se enderezó de golpe. Sus ojos se volvieron dorados y olfateó el aire con los músculos tensos.
—¿Qué oc