Tara fue sola.Entró temprano, antes de que abrieran. El bar estaba apagado, desnudo, sin música ni voces que lo disimularan. A esa hora, el lugar mostraba su verdadera estructura: barras gastadas, botellas alineadas con una precisión casi obsesiva, cajas apiladas sin orden del todo lógico.
Lucía estaba contando copas.
—Pensé que no ibas a venir, es tu día de descanso —dijo, sin levantar la vista.
—Yo también —respondió Tara.
Caminó detrás de la barra. Abrió el mueble bajo la máquina de hielo. B