Harvey estaba concentrado revisando los planos del nuevo sitio, cada detalle medido, cada luz planeada, cada flujo de clientes calculado. Su oficina, en el piso más alto del edificio corporativo, olía a café fuerte y muebles de cuero.
—Señor, los permisos están listos, todo avanza según cronograma —informó su asistente.
—Bien —respondió él, sin levantar la vista. Todo debía ser perfecto, todo debía estar bajo control.
El teléfono vibró. Un mensaje de su socio mayoritario: un correo con asunt