**Punto de vista de Stefano**
Entré a la casa mucho después de que el sol se había puesto y la luna se había apoderado de ella. La casa parecía oscura y fría; ya no se sentía como en casa.
El silencio era tan pesado que me zumbaban los oídos. Por lo general, escuchaba el suave zumbido de la televisión o la risa de Elena desde la cocina. Ahora, no había nada más que el sonido de mis propios zapatos golpeando contra el suelo, como el latido de un corazón.
Ni siquiera había llegado a las esca