**Punto de vista de Stefano**
Martina abrió la boca y las palabras flotaron en la punta de su lengua. Luego la cerró de golpe.
El silencio volvió, más denso y sofocante que antes. Presionó mi pecho hasta que sentí que mis costillas iban a romperse. Podía escuchar el constante tic-tic-tic del reloj de pie en el pasillo, y cada segundo se sentía como un pequeño martillo golpeando en mi cabeza.
"No puedo", susurró, con la voz quebrada. "Esta noche no. Ya has pasado por suficiente".
Algo se r