**Punto de vista de Lucía**
El silencio era tan pesado que podía oír la sangre corriendo por mis oídos. Fue un silencio frío y agudo que sentí como una cuchilla en mi garganta.
Me quedé allí en la cama, con el pecho todavía agitado y el cuerpo todavía temblando por el clímax. Pero el placer desapareció. Desapareció en el momento en que ese nombre salió de mis labios.
Estéfano.
Yo lo había dicho. Lo grité. Había dicho el nombre del hombre que amaba mientras el que odiaba estaba entre mi