**Punto de Vista de Stefano**
—¡Elena!
Mi voz se quebró.
—Dios mío, Elena. Estás aquí. Realmente estás aquí.
Mis manos temblaban con tanta violencia que apenas podía encontrar el botón de llamada. Lo presioné una y otra vez, el plástico haciendo clic frenéticamente bajo mi pulgar.
Una enfermera irrumpió en la habitación, con los ojos muy abiertos. Ni siquiera podía formar una oración completa; solo señalé a Elena, con el pecho agitado como si yo fuera el que había dejado de respirar.
—Ella…