63.

KAYNE

Crucé el pasillo hacia las escaleras y, justo en ese momento, vi a mi tía observándome con una calma inquietante.

Sus ojos brillaban, sus labios se movían en palabras silenciosas que solo ella entendía, y sus manos permanecían extendidas, moviendo sus dedos ligeramente como si estuviese tocando hilos ligeros.

Éramos solo ella y yo en el pasillo; no había nadie más, pero eso no fue lo que me preocupó, sino la magia que sentía a nuestro alrededor.

—Kayne— murmuró por fin, dando un paso
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