44.
AURORA
El aire adentro se sentía espeso, cargado de una electricidad pesada, muy diferente a aquella que siento en la presencia de Kayne.
Todo está oscuro, cada rincón, cada entrada; no hay suficiente luz para saber por dónde vamos.
Los pequeños se pegan a mí, sollozando, asustados, temblando, y yo soy todo lo que tienen para protegerlos, una simple humana que no tiene unas estúpidas garras para defenderse.
La madera cruje ante nuestros pasos, anunciando nuestra presencia y amenazando con caern