24.
KAYNE
Ellos temblaron ante el sonido de la puerta, dejando nada más que el eco aún rebotando en las paredes.
Tomé una silla, sentándome frente a él, el padre de Aurora, el único que la pudo haber tocado, y lo confirmé cuando me sostuvo la mirada como un claro desafío.
—¿Te atreves?— sonreí con arrogancia hacia él, sintiendo cómo Alioth doblegaba a su lobo hasta ver una mueca de dolor en su cara.
Solo ahí la apartó; solo ahí entendió que de esta no va a salir tan bien librado.
—¿Por qué?— d