23.
KAYNE
Las cadenas que me envolvieron anoche, aprisionándome, arrastrándome a la agonía y al dolor mientras reclamaba mi sangre, no eran nada comparado con todo lo que sentí al despertar.
Fuego puro recorriendo mis venas y todo mi cuerpo era lo que me comenzaba a consumir lentamente hasta que decidiera desatarlo.
Las garras se me clavan en las manos; tengo que levantar tantos muros como sea posible para evitar que él salga a devastarlo todo.
Alioth ruge con fuerza; sus garras arañan mis paredes, su rabia se filtra a través de mí en olas tan grandes que tengo a todos mis hombres de rodillas, apenas dejándolos respirar.
—Se… señor… por favor.
—Kayne, controla tu dominio.
—No—gruñí con rabia, inmóvil en el mismo lugar porque sabía que si daba el primer paso, iba a destruirlo todo.
Mi madre no volvió a decir nada; solo le dijo a mi hombre que continuara con su relato.
—Yo… llegué a tiempo antes de que… de que él Alfa… pudiera lastimarla. Ella corrió y luego se fue a su ca