CAPÍTULO OCHO

Siento que mis ojos brillan como el oro, mi voz emerge como un gruñido bajo y peligroso. «Debería haber un límite a tus estúpidas provocaciones, Lilith. ¿Has olvidado quién soy? Puedo destrozar a diez criaturas débiles como tú sin despeinarte. ¿O acaso convenientemente olvidaste que soy una de las mejores guerreras de este Reino?»

Los ojos de Lilith se abren de par en par, aterrados, mientras sus manos ara&ntild

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