Me despierto sobresaltada por el estridente timbre de mi teléfono. Aturdida, lo cojo y veo el nombre de Col parpadear en la pantalla. Suelto un bufido de disgusto. No ha dejado de llamar desde el desastre de anoche.
Dejo el teléfono sobre la mesita de noche y observo el caos de mi habitación: objetos destrozados cubriendo el suelo, restos de mi arrebato de ira después de descubrirlo besándose con mi hermanastra Lilith.
No dormí bien. Mi mente no dejaba de reproducir imágenes de Col y Lilith jun