—Me lo contó mi tía, me dijo que Linda ha estado últimamente con mi padre y que mi padre la acompañó varias veces al ginecólogo.
Sin embargo, a lo mejor el bebé de Linda no era de Ricardo, porque la sopa de pollo que ella hacía que alguien le entregara a Ricardo todos los días contenía el medicamento que le estaba haciendo perder poco a poco la fertilidad.
Beata se mofó: —¡Puta! Se aprovecha de mínima oportunidad para chupar como una sanguijuela, ¡no la dejaré en paz!
—Ma, ¿por qué has buscado a